Descripción
La Universidad Nacional de Córdoba (UNC) se encuentra avanzando en el desarrollo de una política institucional de ciencia abierta, sobre la base de una experiencia previa de quince años que incluye iniciativas de acceso abierto, proyectos de ciencia ciudadana, digitalización de colecciones especiales, infraestructuras abiertas y revistas académicas abiertas. Dado el tamaño y la diversidad de la institución, la UNC —con más de 170.000 estudiantes, 13.075 cargos docentes y 155 centros e institutos de investigación y servicios— enfrenta importantes desafíos de articulación y coordinación entre unidades académicas y áreas de gestión.
La promulgación de la Ley 26.899/13 “Repositorios Digitales Institucionales de Acceso Abierto” fue de fundamental importancia para que la Universidad creara en el año 2014 la Oficina de Conocimiento Abierto (OCA).
La Oficina creo el Repositorio Digital Universitario (RDU) y el Portal de Editoriales Abiertas, orientados a la preservación y difusión de la producción institucional, así como el Portal de Revistas UNC (con más de 110 revistas), abierto a la comunidad académica nacional e internacional y alineado con el modelo de acceso abierto diamante, basado en el principio de no cobrar por leer ni por publicar.
Podría señalarse que, en una primera etapa, la OCA se enfocó principalmente en la visibilización de la producción intelectual de la UNC —a través del RDU, el Portal de Editoriales y el de Revistas—, es decir, en el acceso abierto al conocimiento, sin abordar de manera integral otros componentes de la ciencia abierta.
En este contexto, en el año 2025 se llevó a cabo una encuesta institucional sobre conocimiento, percepciones y prácticas en ciencia abierta, respondida por 721 docentes e investigadores de todas las dependencias. Los resultados mostraron que distintas Facultades venían desarrollando iniciativas vinculadas a otros componentes de la ciencia abierta, como la ciencia ciudadana, la gestión de datos de investigación y el uso de programas y plataformas de código abierto. Asimismo, se evidenció una baja articulación entre estos equipos y la OCA, así como un escaso conocimiento mutuo entre las experiencias existentes, lo que da cuenta de un desarrollo fragmentado de la ciencia abierta dentro de la Universidad.
Al mismo tiempo, el relevamiento muestra un escenario favorable: la mayoría de la comunidad académica expresa acuerdo con los principios de la ciencia abierta y reconoce su valor para democratizar el conocimiento, aumentar la visibilidad de la investigación y fortalecer su impacto social. Sin embargo, también se observan niveles heterogéneos de conocimiento y una demanda significativa de formación básica, especialmente en principios de ciencia abierta y gestión de datos y programas de código abierto.
Sobre la base de este diagnóstico institucional y la experiencia previa, el 24 de octubre de 2025 se creó el Consejo Asesor de Ciencia Abierta, con representantes de todas las unidades académicas, secretarías y áreas del Rectorado.
La creación del Consejo representa una fortaleza, ya que la ciencia abierta deja de quedar solo en el ámbito de la bibliotecología y pasa a involucrar directamente a docentes, investigadores/as y distintas áreas de gestión de la Universidad. La participación de representantes de todas las Facultades y del Rectorado permite que quienes producen conocimiento formen parte de la discusión, lo que resulta clave para avanzar hacia prácticas más abiertas y compartidas, reconociendo las particularidades de cada campo pero también los puntos en común.
La función principal del Consejo es actuar como un espacio de orientación, intercambio y validación de iniciativas vinculadas a la Ciencia Abierta en la Universidad Nacional de Córdoba, contribuyendo a la identificación de prioridades institucionales y al fortalecimiento de una cultura académica orientada a la implementación de prácticas de ciencia abierta.
El Consejo es acompañado por un Grupo de apoyo operativo, encargado de elaborar propuestas, redactar borradores sobre temas prioritarios, impulsar acciones de formación y sensibilización, e identificar oportunidades de financiamiento. Este grupo actúa entre reuniones, organiza la información y eleva al Consejo insumos para su discusión y validación. Pueden integrarse a este grupo aquellos/as consejeros/as que deseen participar de manera más activa en el desarrollo de estas iniciativas.
A marzo de 2026, y en solo cuatro meses de trabajo, el Consejo logró instalar la ciencia abierta en la agenda institucional y consolidar un espacio de diálogo entre Facultades y áreas del Rectorado. Se avanzó en el desarrollo de módulos de formación para docentes y estudiantes y en acciones de sensibilización, incluyendo la participación en el II Foro de Educación Superior. Asimismo, se impulsa la creación de un Observatorio de Ciencia Abierta, orientado a visibilizar, ordenar y articular iniciativas existentes, como base para una política institucional más integrada.
Se espera que, hacia fines de 2026, un número significativo de docentes incorpore estos enfoques en sus prácticas de enseñanza e investigación, y que la Universidad avance en la definición de lineamientos comunes para la gestión de datos, la formación y la evaluación académica en clave de ciencia abierta.